Transgénicos, ¿oportunidad o amenaza?

Uno de los debates más polémicos que encontramos hoy en día en torno a la ciencia, el ecologismo, la política y la sociedad es el de los transgénicos, nombre con el se designa a los organismos genéticamente modificados (OGM).

Si buscamos información, podemos encontrar multitud de fuentes que afirman que estos organismos son peligrosos para la salud y para el medio ambiente. Incluso se dice que los OGM son causa de que cada vez haya más alergias y casos de cáncer. Desde luego, los transgénicos causan alarma social, pero ¿qué son realmente los transgénicos? ¿Suponen el peligro que muchos ven en ellos?

Hay mucho que explicar sobre esto, y voy a partir esta explicación en dos partes: en primero lugar contaré qué son los transgénicos, planteando algunas consideraciones teóricas sobre su naturaleza, y en segundo lugar trataré la problemática social asociada a su uso.

Organismos genéticamente modificados

Se denomina OGM a aquellos organismos que tienen el genoma modificado mediante ingeniería genética; el término transgénico nos informa de que el organismo contiene genes de otras especies. Es decir, que se ha tomado (al menos) un gen de una especie y se ha introducido en el genoma de individuos de otra especie, convirtiéndose estos últimos en OGM, así como sus descendientes.

Representación gráfica de una doble hélice de ADN
Representación gráfica de una doble hélice de ADN

Recordemos que un gen es un fragmento del genoma de una especie que contiene información para determinadas funciones, como por ejemplo sintetizar una proteína con características concretas.

Pongamos un ejemplo ilustrativo: la seda de las arañas es un material de extraordinarias propiedades, con el que podríamos hacer muchas cosas (en medicina, seguridad o construcción). Por desgracia, estos animales son pequeños y la producción industrial de seda, empleando arañas, sería prácticamente inviable. No podemos poner una granja de arañas y “ordeñarlas” para ese fin industrial. Pero si extraemos el gen que permite a las arañas sintetizar la proteína con la que producen su seda, y lo introducimos en un conjunto de vacas, generando así vacas transgénicas, podríamos tener vacas que produzcan esa proteína.

Pero no temáis, que por más que la ficción fantasee con la combinación de especies, no veremos a una “spidercow” haciendo telas de vaca por los tejados. Estas vacas, que ya existen, producen esa proteína en su leche, de manera que solo hay que ordeñarlas y purificar la proteína para obtenerla en grandes cantidades. Lo mismo se ha hecho con otros organismos, como cabras (ejemplo).

Cabras transgénicas que producen seda en su leche
Cabras transgénicas que producen seda en su leche

Llegados a este punto, se podría pensar que estas criaturas son aberraciones contra natura, algo artificial que no podría existir sin una manipulación humana temeraria. Sin duda, muchos lo creen así. Pero, parafraseando un famoso refrán cristiano (derivado del pasaje bíblico de Isaías, 55), “los caminos de la naturaleza son inescrutables”.

Lo que pudo ser y lo que podría ser

Para empezar, los organismos que existen actualmente con los genomas que tienen son uno de los potenciales resultados que podrían haber existido por evolución partiendo de organismos primitivos; pero de la misma manera la evolución podría haber ido por otros caminos. Al fin y al cabo, los genomas de las diferentes especies comparten el mismo lenguaje, tienen los mismos nucleótidos, y lo único que cambia es el orden. Para entendernos, es como si todas las especies tuviesen solo un idioma y las mismas letras a su disposición, solo que cada especie ha formando con ellas diferentes palabras. Al introducir un gen de una especie en otra, metemos una nueva palabra, solo eso. Es precisamente ese lenguaje común lo que permite a una especie leer y expresar los genes de otras especies. Genes que podría haber tenido propiamente si la evolución hubiese sido diferente.

Sin extendernos más en eso, dejemos de lado casos que eran posibles y que no se hicieron realidad. Aun con el genoma que tiene cada especie, el flujo de genes entre organismos de la misma o de diferentes especies es un fenómeno natural, conocido como transferencia horizontal de genes. Esto sucede sobretodo en procariotas, aunque no exclusivamente. Hay varios procesos que generan este hecho:

Procesos de transferencia horizontal de genes
Procesos de transferencia horizontal de genes
  • Transformación: captación e incorporación de ADN libre en el medio (generalmente fragmentos de la degradación de otras bacterias).
  • Transducción: introducción de ADN a través de un virus, que lleva genes de una célula hospedadora anterior a una nueva célula hospedadora.
  • Conjugación: transferencia de material genético de un organismos a otro por contacto directo; se da entre principalmente entre bacterias, y también entre organismos de diferentes reinos, como hongos y bacterias.

Particularmente importante para el tema que nos ocupa es la transducción, por el papel que juegan los virus (a los que dedicaré una entrada más adelante). Si bien los virus se propagan con mayor facilidad dentro de una misma especie, muchos pueden saltar de unas especies a otras, especialmente cuando son especies filogenéticamente próximas (con un antecesor común reciente), aunque lo fundamental es que las células de las especies hospedadoras tengan en su superficie los receptores específicos a los que se une cada tipo de virus.

Sea cual sea el proceso, el caso es que ya se conocen casos de animales “transgénicos naturales”, como algunos pulgones que tienen genes de hongos.

Los virus como mensajeros genéticos

Los virus se clasifican en líticos o lisogénicos en función de su ciclo de infección, y en particular, los lisogénicos se caracterizan porque se integran en el ADN de la célula hospedadora, y tras un periodo de incubación, en el que la célula ha podido reproducirse generando muchas células con el virus integrado en su ADN, este se reactiva y se escinde del núcleo, para volver a salir al exterior en busca de otra célula a la que infectar. Al escindirse, puede llevarse consigo accidentalmente un fragmento del ADN de la célula, parte de lo que había junto al virus en estado latente. Y ese fragmento irá con el virus y se integrará en el núcleo de la nueva célula a la que infecte.

La mayoría de las veces los virus no llevarán nada extra o llevarán fragmentos pequeños que no tendrán ninguna utilidad para la nueva célula. En las ocasiones en que lleven un gen, un fragmento funcional, puede que no se llegue a expresar, y si lo hace, podría ser neutro o incluso perjudicial para la nueva célula. Son raros los casos en los que se obtiene un gen completo que además aporta una función beneficiosa. Pero dado que este fenómeno se produce millones de veces en muy poco tiempo, y constantemente, incluso los eventos menos probables acaban sucediendo multitud de veces.

Se sabe que muchas especies contienen en su genoma genes que provienen de otras especies, concretamente, que algunos de sus ancestros evolutivos incorporaron ADN de otras especies, que pasó a formar parte de su propio ADN. Los propios virus, en ocasiones, se inactivan definitivamente y se acaban integrando en el genoma de muchas especies, convirtiéndose en una clase de transposones, unos fragmentos de ADN que tienen la capacidad de “saltar” de unos lugares a otros del genoma. Y los seres humanos también tenemos esto en nuestro genoma.

Así pues, se podría decir que lo que caracteriza a los OGM no es tanto el hecho de tener genes de otras especies, como el mero hecho de que algunos de los genes exógenos hayan sido adquiridos por mediación del ser humano.

No es que los OGM que nosotros generamos fuesen opciones que podrían darse con facilidad. De hecho, si consideramos toda la cadena de sucesos de escasa probabilidad natural que tendrían que darse sucesivamente para que un gen concreto de una especie llegue a estar en el genoma de otra especie, que podría estar muy alejada filogenéticamente y con la que ni siquiera comparta ambiente (como es el caso de muchos OGM que generamos), la probabilidad de que eso suceda es el producto de todas las probabilidades de cada suceso individual, ya de por sí próximas a cero cada una. Incluso aunque consideremos diferentes cadenas de sucesos que podrían generar el mismo resultado, el sumatorio de sus probabilidades seguiría dando un valor extremadamente próximo a cero. La ingeniería genética toma atajos y logra aumentar la probabilidad de que eso suceda, hasta un valor más cercano a uno. De modo que estos procedimientos no es que generen resultados contra natura, sino que simplemente alteran las probabilidades de procesos naturales, haciendo muy probable lo que era casi imposible (siendo, por tanto, una cuestión cuantitativa, más que cualitativa).

¿Es prudente y/o necesario crear OGM?

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Ahora que ya hemos tratado lo que son los transgénicos, la siguiente pregunta sería ¿por qué hacerlos? Ya se expuso el ejemplo de la producción de seda de araña con mamíferos para generar mayores cantidades de un recurso con muchas propiedades. Pero hay muchas más oportunidades que nos ofrecen estas técnicas. Algunas están ya mucho más extendidas en la sociedad, como es la producción de insulina mediante bacterias transgénicas. Antiguamente había que extraer la insulina de mamíferos, como vacas y cerdos, que es muy parecida a la humana, aunque a veces generaba reacciones adversas. Hoy en día basta con cultivar estas bacterias, a las que se les ha introducido el gen humano de la insulina, y ellas la producen, entre otras muchas sustancias. Luego solo hay que purificar la insulina, y ya tenemos suficiente para suministrarla a todos los diabéticos que la necesitan, que son millones de personas cuya salud es mejor gracias a los OGM.

Las aplicaciones en medicina son muchísimas, seguramente iremos descubriendo muchas nuevas a medida que investiguemos con transgénicos. Muy similares son también las terapias génicas, en vías de desarrollo y con un grandísimo potencial para curar enfermedades hasta ahora incurables.
Aunque la mayor parte de los OGM se emplean en la agricultura y la industria de la alimentación. Esto a priori tampoco es malo; por más que algunos lo repitan, comerse un OGM no es peligroso. El mero hecho de que tengan un gen de otra especie no nos va a causar ningún problema, pues, volviendo a usar la analogía que empleaba antes entre ADN/genes y letras/palabras, cuando consumimos un organismo, degradamos su ADN, de manera que las palabras desaparecen y solo queda un montón de letras. En cuanto el OGM es digerido, ya es indistinguible del organismo original no modificado genéticamente, y no hay ningún efecto adverso. Tampoco es cierto que pase a la cadena alimentaria, por esto mismo que acabo de explicar, por lo que consumir organismos que se han alimentado previamente de OGM es también inocuo.

Podría plantearse que si un OGM adquiere la propiedad de producir una proteína tóxica para nosotros, su consumo sería peligroso, cosa que es posible. Pero cada OGM se genera con un objetivo concreto, y se estudia bien antes de lanzarlo al mercado. No se generan los OGM y se empiezan a vender sin conocer qué propiedades tienen y qué riesgos pueden derivarse. Cuando se comercializa un OGM como alimento, es porque se ha testado su seguridad para el consumo.

Por supuesto siempre podremos temer algún imprevisto, nada es seguro al 100%. Pero eso pasa con todo, incluso con los alimentos tradicionales, que por muchos motivos podrían estar en mal estado o contaminados. Tener especial recelo hacia los OGM es irracional.

Hay otras cuestiones accesorias, como el uso de pesticidas, la agricultura intensiva y su impacto ambiental, y más que son empleadas a veces como críticas hacia los transgénicos, pero es un error, porque la técnica de la transgénesis no implica necesariamente nada de eso, que también puede darse con otros organismos cultivados. Es muy importante diferenciar una herramienta de los usos que se le dé. Un cuchillo puede ser una excelente herramienta para cortar la comida, o un arma peligrosa con la que asesinar a alguien; pero lo segundo no hace que los cuchillos sean malos per se, y prohibir los transgénicos es tan absurdo como prohibir los cuchillos.

Problemáticas relacionadas con transgénicos

Ahora bien, pueden darse casos de malos usos de los transgénicos. El actor estrella en este teatro es Monsanto, una multinacional (no la única) que se dedica al negocio de los transgénicos, y se cuestiona su manera de actuar. Es lo habitual que las empresas busquen el máximo beneficio y no suelan pararse a considerar daños colaterales. En esos casos, el problema está nuevamente en el uso, no en la herramienta. Lo que debemos hacer, si queremos evitar esos problemas, es tomar medidas para regular las actividades de esas empresas. Eso es lo razonable.

Y ojo con la falacia ad hominem de afirmar que si Monsanto usa transgénicos, y hay algo cuestionable en Monsanto, entonces los transgénicos quedan en entredicho. Ese razonamiento es incorrecto.

Abundan por Internet los testimonios sobre abusos de Monsanto hacia los agricultores, pero también de agricultores que dicen que eso no es así; existen multitud de blogs, webs y asociaciones de todo tipo que insisten en defender una u otra postura sobre los usos, con testimonios y toda suerte de ejemplos. Yo no tengo la información suficiente para cuestionar la veracidad de ningún testimonio, ni es mi intención hacerlo. Me voy a limitar a mantener el enfoque teórico, y explicar las implicaciones que tendría cada supuesta situación, en el hipotético caso de que fuese real, sin que ello suponga admitir ni negar su veracidad. Eso se lo dejo a otros.

Una de las principales cuestiones es la de que los transgénicos provoquen alergias. Es un riesgo que se toma en consideración antes de comercializar un producto; aunque también es cierto que las alergias, por su propia naturaleza, son problemas del sistema inmune del que las padece, porque reacciona de manera hipersensible ante sustancias que no son realmente dañinas por sí mismas, como el polen. null Una alergia a un OGM no significa que el OGM sea tóxico o dañino, de la misma manera que no lo es el polen. Es más una cuestión de que si algún OGM provocase alergia a numerosas personas, podría ser rechazado por los consumidores, desapareciendo su demanda, con lo que la comercialización no saldría provechosa. Otros productos de organismos no transgénicos que también generan alergias o intolerancias fisiológicas a muchas personas no dejan de comercializarse, y simplemente quienes tienen problemas con ellos deben procurar no consumir nada que los contenga. Por tanto, es un problema de opinión de los consumidores y no de peligrosidad del producto. Nadie reclama que se prohíba la venta de cacahuetes, pese a que muchas personas son alérgicas a ellos.

Incluso hay líneas de investigación con transgénicos que intentan crear organismos similares a los que producen alergias, pero reduciendo la producción de aquellos alérgenos naturales que tienen estos organismos, de manera que esos productos puedan ser consumidos incluso por los que tienen alergia a esos alimentos (que ya no sufrirían reacciones alérgicas ante estos OGM).

Dejó aquí este enlace con más información de investigaciones sobre la seguridad a largo plazo del consumo de transgénicos.

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null Otro asunto es el de los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas. Se pueden generar OGM que resisten ciertos herbicidas, lo que permite rociar los cultivos con estos herbicidas para matar al resto de plantas. Este tipo de uso sí plantea problemas serios. Por un lado se plantea el abuso de sustancias herbicidas, que genera un serio debate en el que no voy a entrar para no complicar más esto. Lo que sí diré es que, aun suponiendo que algunos herbicidas no supusiesen un problema de toxicidad y contaminación del medio, el mero fundamento de esta práctica aboga por potenciar los monocultivos intensivos, y eso tiene unas implicaciones realmente complejas, y graves en muchos aspectos. Pero eso tiene que ver con el modelo de explotación agraria y no con los transgénicos, así que nuevamente hay que resaltar que el problema no está en los propios OGM. Al tema de los modelos de explotación agraria le dedicaré una entrada otro día.

Mejor perspectiva ofrecen los OGM diseñados para resistir plagas por sí mismos, lo que permite reducir el uso de insecticidas. Existen muchas plantas que, de forma natural, han desarrollado defensas químicas contra el ataque de insectos fitófagos. Estas defensas (tema interesante que contaré algún día) pueden provocar la muerte de los insectos que ataquen a la planta, o simplemente su huida, e incluso atraer a sus depredadores. El caso es que suponen una buena protección; y si tomamos los genes que permiten desarrollar esas defensas y los introducimos en otras especies vegetales, podremos tener cultivos de las plantas que queramos que se defiendan del ataque de fitófagos, produciendo sustancias ya presentes en la naturaleza, con lo que se reduciría el uso de pesticidas y con ello habría menos problemas medioambientales y de salud.

Finalmente, un potencial problema que se plantea con los transgénicos es que puedan provocar alteraciones en el medio natural por desplazar a los organismos de su misma especie no modificados, o incluso a otras especies, al convertirse en un mejor competidor. Esto desde luego debe tenerse en cuenta, lo cual una vez más vuelve a ser una cuestión de usos, pues no todos los transgénicos van a generar los mismos impactos. Un uso responsable requiere investigar a fondo cada tipo de OGM generado, y evaluar a conciencia (tanto como sea posible) los posibles efectos, antes de dejar que salga de condiciones controladas. Un uso irresponsable sería generar OGM y dejarlos por ahí libres en cuanto funciona lo que queremos, sin tener ni idea de cómo va a comportarse en otros ámbitos. Por tanto, de nuevo la solución es regular los usos, pero no prohibir la posibilidad de desarrollarlos, investigarlos y comercializarlos.

Pero, por todo lo que he explicado en esta entrada, los organismos con genes de otras especies existen naturalmente, y a veces, efectivamente, ganan a otros competidores en la carrera armamentística biológica. No es que nos deba dar igual que suceda, pero tampoco debemos temer el apocalipsis si un OGM se escapa y desplaza a otra población. Puede tener efectos ambientales más o menos positivos, negativos o inocuos, pero no diferirían de lo que sucede constantemente en los ecosistemas, y al final la naturaleza se adapta.
No pretendo recurrir a esa excusa tan manida por quienes niegan la importancia de los perjuicios que causan a la naturaleza muchas de nuestras actividades, de decir que como la naturaleza se adapta a los cambios, no importa cambiarla de cualquier manera y sin preocuparse por las consecuencias. Desde luego hay que considerarlas, pero sí pretendo señalar que las posibles consecuencias no son tan dramáticas como para que no compense el riesgo de intentar aprovechar las oportunidades que nos brindan los transgénicos.

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Y como ya dije, existen “transgénicos naturales”, como ese ejemplo de los pulgones con genes de hongos. De no haber existido esos pulgones transgénicos, su nicho lo ocuparía otro conjunto de organismos. Pero no parece que el hecho de que esa realidad sea como es y no de otro modo suponga un problema medioambiental, y no hay razón para pensar que un OGM generado por el ser humano tenga que ser necesariamente más peligroso. Puede serlo tanto y tan poco como cualquier transgénico natural.

Precisamente lo más seguro es apoyar a la investigación biotecnológica e invertir en ella, desde los organismos públicos, para que no toda la investigación y los usos estén en manos de empresas privadas. Porque es seguro que se seguirán desarrollando, así que la cuestión es cómo queremos regular ese proceso.

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