¿Hay un problema de superpoblación humana?

Recientemente he leído un artículo cuestionando si realmente es alarmante el nivel de población humana actual y su tasa de crecimiento, y si esto supone un problema para mantener la producción de recursos que necesitamos todos. Dicho artículo, que podéis leer en este enlace, está escrito por mi amigo Pablo Domínguez Caamaño, y en él nos presenta una discusión bien organizada y documentada de varias cuestiones respecto a la demografía humana y la historia de las predicciones sobre los problemas que puede (o no) generar.

También me ha lanzado un guante invitándome a escribir esta réplica, que con mucho gusto acepto, pues aunque valoro su exposición de unos argumentos interesantes, discrepo con las conclusiones, al considerar que el análisis es insuficiente para valorar realmente la sostenibilidad de la carga ambiental que genera la población, tal como él mismo comenta al dejar pendiente abordar el tema medioambiental. Espero que mi réplica contribuya a desarrollar un debate constructivo al respecto.

Proyección demográfica

Los datos de crecimiento de población aportados en el artículo de Pablo son sólidos y no tengo mucho que comentar al respecto, pues es un hecho que la población ha sido muy baja durante la mayor parte de la historia, y que solo en los últimos siglos y especialmente las últimas décadas ha vivido un crecimiento exponencial asombroso. Hay muchas cosas que han mejorado para hacerlo posible, sin duda alguna. También es cierto que se observa una tendencia hacia un descenso de la natalidad en las sociedades más desarrolladas, así que aun suponiendo que no hubiese limitación de recursos (que no es el caso), si los países en vías de desarrollo alcanzan un nivel de vida más desarrollado, posiblemente el crecimiento se ralentizará notablemente. Está claro que no se puede asumir que el crecimiento vaya a mantener la misma tendencia indefinidamente, sino que puede cambiar de muchas maneras en diferentes periodos de tiempo.

Pero la pregunta en cualquier caso sigue siendo si eso es sostenible, y la respuesta no solo depende de cuántas personas seamos en el mundo, sino de cuántos recursos consumamos en conjunto y del impacto que generemos al hacerlo, que a su vez repercute en la productividad de nuevos recursos, como explicaré posteriormente.

Índices ambientales y su frecuente malinterpretación

Un error frecuente fruto de malinterpretar algunos índices es asumir que al mejorar la economía de un país este mejorará su sostenibilidad, es decir, que reducirá sus impactos ambientales negativos favoreciendo la preservación de las fuentes de recursos. Pablo sugería esto en su entrada, aunque con prudentes reservas.

Ojalá su optimismo fuese acertado, pero lo único de lo que tenemos evidencia es de que las mejoras en la economía conducen a mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos de ese país, aun a costa de incrementar los impactos ambientales globales, y encima ni siquiera se puede garantizar que eso vaya a funcionar igual de bien en el futuro para países en desarrollo como funcionó en el pasado en países más desarrollados. Todo esto lo expliqué en la entrada anterior que enlazo aquí.

Espacio habitable

Uno de los argumentos que se suelen esgrimir en estos debates es reducir la capacidad de carga del sistema al espacio habitable para una población. La capacidad de carga (normalmente representada como K) es un concepto de la ecología que representa la cantidad de organismos de una población que puede sostener un ecosistema de manera indefinida, es decir, que en principio puede ser sostenible siempre que esté por debajo del límite K (como se muestra en la figura 1). A partir de dicho límite se daría una superpoblación (o sobrepoblación) de esa especie, con unos impactos sobre el ecosistema que lo desestabilizarían, provocando una alteración de los procesos que son necesarios para mantener la producción de recursos que necesita esa población. Esto forzosamente llevaría a esa población a sufrir una reducción drástica, o bien se vería obligada a desplazarse hacia otros ecosistemas, pudiendo sobrecargarlos a su vez, lo cual es una de las causas de los fenómenos de las plagas.

Figura 1. Gráfica de crecimiento poblacional. N representa el número de individuos en la población, t es la unidad de tiempo, r es la tasa de crecimiento vegetativo normal de la especie, y K la capacidad de carga. En este caso se muestra un crecimiento logístico, pero hay poblaciones que crecen siguiendo otros patrones matemáticos (lineales, exponenciales…). Si las condiciones son favorables, el crecimiento se mantendrá hasta alcanzar el límite K, en el que la población tenderá a estabilizarse.

La capacidad K estaría determinada por varios factores, uno de ellos es el espacio físico que los individuos de la población necesitan habitar, pero hay muchos otros, como la necesidad de agua, alimentos, otros recursos, y también del mantenimiento de unas condiciones ambientales dentro de los rangos de tolerancia de dicha especie. Sobre lo que son los rangos de tolerancia y cómo afectan a la vida escribí en el artículo sobre la muerte que dejo en este enlace.

Las poblaciones humanas como ecosistemas

Una cuestión que es importante entender es que las poblaciones humanas no son algo al margen de los ecosistemas, como si la naturaleza se limitase a los campos. Tal como explicaba en la entrada que enlazo aquí sobre lo que son los ecosistemas, allí donde haya vida siempre hay ecosistemas, pues no puede existir actividad biológica sin estar integrada en algún ecosistema. Y como también comento en ese artículo que he enlazado, los ecosistemas pueden dividirse en cuanto a su consumo y producción de recursos en dos tipos: los ecosistemas autotróficos, que son los que producen más de lo que consumen, y los ecosistemas heterotróficos, que son los que consumen más de lo que producen. Todas las poblaciones humanas sedentarias tal como las entendemos forman ecosistemas heterotróficos, de menor o mayor tamaño, los cuales no son autosuficientes y dependen siempre del aporte de recursos producidos en otros ecosistemas que sean autotróficos. Cuanto mayor es una población humana mayor es la cantidad y superficie de ecosistemas autotróficos de los que depende, incluso aunque se reduzca la superficie ocupada edificando en altura, lo cual es útil pero ni de lejos suficiente.

Figura 2. Fotografía del ecosistema urbano de Pekín, capital de China y una de las mayores ciudades del mundo, con una población (estimada en 2018) de 21,54 millones de habitantes.

Por tanto, cuando se formula la pregunta de “¿cuántas personas pueden caber en el mundo?”, el sentido es claramente plantearse por la capacidad de carga (K) del planeta para la especie humana, y no solo por cuántos kilómetros cuadrados necesitamos para meter a todos los seres humanos. Nadie (sensato) dice que vaya a haber problemas de espacio para que quepamos los humanos ni aunque la población se quintuplique, por supuesto estamos mucho más lejos de tener que darnos codazos para poder tener hueco en el mundo. Pero no somos piedras, no nos basta con tener un sitio donde caernos para existir; necesitamos recursos, muchos, y por ello al preguntarnos si cabremos, nos referimos a si hay suficiente espacio en el mundo para producir (de manera sostenible) todo lo que la población necesita, o lo que demande en un  futuro una población cada vez mayor y que en muchos países subdesarrollados aspira a mejorar su calidad de vida (a costa inevitablemente de incrementar el consumo).

Dicho en términos cercanos, el espacio que tú necesitas para existir en este mundo no es solo el que ocupas en tu día a día, sino también toda la superficie en cultivos y explotaciones de recursos necesaria para abastecerte de los recursos que consumes (como todo lo que compras, comida y otras cosas), además de cierta superficie en otros ecosistemas (terrestres y marinos) que también contribuyen a producir recursos que necesitas para vivir aunque no te lleguen por distribución humana (como el oxígeno), o que son a su vez necesarios para abastecer de recursos a los ecosistemas que explotamos (como bosques que contribuyen a rellenar de agua los acuíferos).

Calcular la capacidad K de la especie humana a escala planetaria es una cuestión de enorme complejidad, y da para debate. Y dado que nuestro consumo de recursos es muy variable entre diferentes países, la respuesta no será solo un número, sino también un consumo promedio. Si el número de personas en el mundo multiplicado por el consumo promedio (aunque esto es simplificado, hay más variables a tener en cuenta) supera lo que el planeta puede producir y regenerar, nos encontraremos en una situación en la que efectivamente no habrá espacio para todos nosotros y nuestro consumo, y provocaremos un deterioro del sistema (a escala planetaria) que reducirá su productividad y nos acabará repercutiendo negativamente. Tal como les sucede a las poblaciones de cualquier especie que superan su límite K. Y tenemos motivos para sospechar que esto es justo lo que nos está pasando ya, que el cambio global que estamos viendo en los ecosistemas es ese deterioro que estamos provocando por un consumo insostenible.

Además, no podemos acaparar todo lo que se produce en los ecosistemas, hay una parte que debe ir al consumo de otras especies, ya que nuestra existencia depende de que se mantengan redes tróficas y procesos ecosistémicos fundamentales para la productividad de los ecosistemas. Tenemos una posición privilegiada en las redes tróficas del mundo, estamos en la cúspide; pero esa es también la posición más vulnerable, ya que dependemos de los organismos que hay por debajo. Por ejemplo, si se produjese una extinción masiva de microorganismos, eso amenazaría la supervivencia de casi todas las especies de animales y plantas, pero no al contrario. Los organismos más «simples» o que ocupan las posiciones más bajas en las redes tróficas son los que sustentan al resto, y los que más opciones tienen de sobrevivir. Por ejemplo en las grandes extinciones de biodiversidad del planeta fueron en general las grandes especies las que más se enfrentaron a su extinción (como los dinosaurios). Así que si no dejamos espacio o recursos para que la biodiversidad del planeta se mantenga en buen estado, eso nos afectará seriamente también a nosotros.

Las catástrofes y las predicciones que las anticipan

Siempre ha habido y siempre habrá gente advirtiendo de la proximidad de catástrofes, por muy diferentes motivos, religiosos, políticos, medioambientales…

En su mayoría, las “predicciones” suelen fallar, porque mayoritariamente no se sustentan en bases sólidas. Con lo cual, es muy fácil encontrar un montón de predicciones o profecías fallidas que alertaban de algo que no ha sucedido, pero eso no basta para confiar en que dicha catástrofe no pueda suceder. Por muchos Pedros que haya gritando “¡que viene el lobo!” sin que sea cierto (como en el cuento infantil), en realidad no deja de haber ataques de lobos, o catástrofes. Y hoy en día contamos con la ciencia como mejor herramienta para anticipar lo que nos depara el futuro. En ese sentido, hay consensos científicos muy amplios y bien fundamentos que poco tienen que ver con un loco recorriendo las calles con su letrero de “se acerca el fin del mundo”.

Figura 3. Escena de capítulo de los Simpson en que Homer advierte de un supuesto fin del mundo.

Pero además, nuestra percepción de lo que es una catástrofe puede no ser tan clara como pensamos. Cuando leemos por ejemplo sobre las grandes catástrofes para la vida en el planeta que han sucedido a lo largo de la existencia de la vida, solemos verlas como un momento crítico que pasó en un momento muy concreto, hace N millones de años. Las extinciones masivas que acabaron con gran parte de la biodiversidad de sus épocas nos las imaginamos como que hubo una erupción volcánica masiva o cayó un meteorito y pum, escenario apocalíptico de película en el que de un día para otro la vida en el planeta es devastada. Pero en realidad las cosas casi nunca fueron así. Con independencia de si el cielo se enciende en llamas y el planeta tiembla o no, lo cierto es que los momentos de mayores crisis para la vida se dieron en periodos de tiempo considerables, de milenios o incluso millones de años entre que una catástrofe empezó y terminó. A escala geológica eso no es nada, pero para los seres vivos que lo vivieron, muchos no percibieron a penas el cambio, sino que las condiciones eran duras de principio a fin de su vida, pues su corta vida no daba para apreciar las diferencias que se iban dando a un ritmo que sí era lo bastante acelerado como para deteriorar la biodiversidad y la productividad de los ecosistemas.

Figura 4. Ilustración representando el inicio de la extinción masiva del Pérmico-Triásico, en la que desaparecieron alrededor del 95% de las especies marinas y el 75% de las especies terrestres (imagen tomada de Investigación y Ciencia).

En la actualidad tenemos ante nosotros señales que nos indican algo similar, no solo que se puede estar acercando una catástrofe, sino que ya la estamos viviendo. Algunas perturbaciones están teniendo lugar en el espacio de años o décadas, cuando lo normal sería que tardasen siglos o milenios en cambiar tal magnitud (por ejemplo en el carbono que se está liberando a la atmósfera y los océanos), o en pérdida de biodiversidad por extinción de especies. Sobre esto ya he escrito extensamente en este blog, principalmente una serie de tres entradas que enlazo a continuación, explicando 1) evidencias del cambio climático, 2) cómo este afecta a los seres vivos, y 3) cómo los seres vivos cambiamos el clima, y en particular la actividad humana como causante de esta catástrofe.

Es decir, la actividad humana y nuestra explotación de los recursos para mantener nuestra población no solo puede causar una catástrofe, sino que ya la está causando, y sobre ello hay sobradas evidencias científicas que muestran robustamente que nuestra población actual y su consumo no son sostenibles ni aunque se mantuviesen tal cual están.

Consumo insostenible y sus consecuencias sobre nuestra sociedad

La cuestión más importante es, en definitiva, el impacto ambiental que generamos en el planeta, y cómo este afecta a la productividad y sostenibilidad de los ecosistemas (de los que dependemos totalmente), amenazando la sostenibilidad de nuestra sociedad en el futuro. Eso no significa (necesariamente) que nos vayamos a extinguir, pero sí que al menos sufriremos importantes crisis, que afectarán de diferentes maneras a diferentes poblaciones.

Si seguimos ignorando este problema, en vez de prevenir no nos quedará otra que curar (lo cual, como reza el refrán, es peor y más costoso). Las repercusiones que puede tener en nuestra sociedad son de lo más variadas, incluyendo problemas de salud, de abastecimiento de recursos, crisis económicas, muertes ya sea por escasez de recursos o por eventos climáticos extremos que ya están aumentando en frecuencia e intensidad, e incluso guerras si algunos países deciden afrontar los problemas con los recursos luchando por ellos con sus vecinos.

Todo esto puede parecer exagerado, pero ya hemos visto el año pasado el impacto que ha tenido sobre nuestra economía y nuestra sociedad una sola enfermedad, la covid. Y precisamente el cambio climático fomenta la propagación de enfermedades. Cómo sucede esto es también un tema muy interesante, pero mejor lo dejaré para otra ocasión, ya que requeriría otro artículo solo para explicar este punto. Ejemplos hay muchos de que esto está pasando en la naturaleza cada vez con más frecuencia, con epidemias y pandemias que afectan a todo tipo de especies (árboles, anfibios…); por simplicidad no me pondré ahora a dar detalles de dichos ejemplos, pero si alguien tiene curiosidad, puede preguntar en comentarios y ampliaré información.

De lo que sí escribiré una entrada para esta serie de respuestas es sobre por qué nuestro consumo global de recursos es insostenible, algo que ya mencioné en el artículo anterior, y que en el siguiente abordaré de lleno para explicarlo.

¿La tecnología al rescate?

Finalmente, la apuesta fuerte que nos plantea Pablo en su artículo es que ya inventaremos algún avance tecnológico que nos saque las castañas del fuego, o que incluso los seres humanos “creamos” los recursos. Al fin y al cabo, a lo largo de la historia ha habido muchos avances que en su momento parecieron imposibles pero que nos acabaron abriendo las puertas a un crecimiento mucho mayor.

Aunque también la historia está plagada de civilizaciones que colapsaron y desaparecieron. Algo que también nos enseña la historia es que la humanidad ha afrontado sus problemas con conflictos bélicos mucho más a menudo que con revoluciones tecnológicas. ¿Nos llegarán esos avances a tiempo de que nuestro estilo de vida pueda mantenerse sin grandes problemas? ¿O igual para cuando lleguen nuestra generación y algunas venideras habrán tenido que sufrir las consecuencias de habernos jugado nuestro futuro a una baza tan incierta?

Aquí entramos en terrenos muy especulativos, nos lanzamos de cabeza a hacer ciencia ficción. Pero la mejor ciencia ficción es la que, aún mirando a las estrellas, se hace con los pies en la tierra y asentados sobre la ciencia hasta donde llegamos a comprender el universo. Así que intentaré humildemente aportar mis argumentos de por qué no deberíamos ser excesivamente optimistas al respecto del papel que jugará la tecnología.

A esto le dedicaré la cuarta y (quizá) última entrada de esta serie. Pero por ahora dejo aquí a medias esta respuesta, pues citando a Michael Ende: “esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión”.

3 comentarios sobre “¿Hay un problema de superpoblación humana?

  1. Enhorabuena por el artículo. Como se suele decir lo cortés no quita lo valiente, y has sido cortés respondiendo a tu amigo pero valiente diciendo lo que él no ha sabido (o querido) ver en su artículo.

    No se, me produce bastante tristeza y alarma que alguien como tu amigo que parece una persona con mucha formación, a la hora de escribir su analisis se le pueda escapar algo tan básico y cotidiano como la huella ecológica. Tu hablas de la capacidad de carga, K, que es el término que se emplea en ecología, pero hablamos de lo mismo.

    Para mi la cuestión ya no es si hemos superado la K del planeta, sino cuánto vamos a hace disminuir esa K y para cuánto tiempo (décadas? siglos?).

    Un saludo!

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    1. Gracias, jenryreds.
      Efectivamente la K y la huella ecológica están relacionados, huella ecológica siempre hay, y la K sería el límite de hasta cuánto puede crecer esa huella ecológica dentro de lo sostenible.

      En el artículo de Pablo, este al menos tuvo la prudencia de mencionar que estaba dejando pendiente el impacto ambiental, pero lo que yo observo en gente que no le da suficiente importancia a ese asunto (quitando a quienes directamente niegan la ciencia), es que no ven con claridad que sea para tanto, piensan que es una exageración. Pero yo también entiendo que hay tanto ruido sobre el tema, y tanta gente opinando sin saber (desde cualquier postura), que pasa lo que en tantos temas hoy en día: cuesta separar la paja del grano.

      Por eso yo intento hacer un esfuerzo para entender lo que piensan quienes recelan de la ciencia climática, y divulgar esa ciencia centrándome en este caso en ese público; porque divulgar para convencidos sirve de poco (si acaso para que entiendan y argumenten mejor sobre el tema), pero para lograr cambiar algo necesitamos convencer a quienes lo ven de otro modo, y eso implica también hablar de cómo el cambio climático afecta (negativamente) a la economía o al progreso social, frente a las consecuencias que tendría no hacer nada. Y con honestidad, reconociendo los perjuicios que suponen las medidas de adaptación, por necesarias que sean.

      Respecto a tu última pregunta, sabemos que el sistema climático tiene cierta inercia y que algunas de las perturbaciones que estamos generando en él tardarán siglos o milenios en estabilizarse (hablo de ello brevemente en este otro artículo: https://bioteoria.wordpress.com/2016/03/13/evidencias-del-cambio-climatico/). Así que estimar cómo nos afectará en el futuro es muy complejo, pero quienes nos dedicamos a investigar en este tema estamos trabajando en ello, y yo intentaré ir divulgando información al respecto aquí. 😉

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