Índices ambientales y su frecuente malinterpretación

Estimar el impacto ambiental que genera cada país en los ecosistemas es un tema complejo, y más aún si pretendemos comparar entre diferentes países para comprobar cuáles están mejor encaminados hacia lograr una sociedad sostenible ambientalmente.

Para abordar esta cuestión, a veces se usan comparaciones de parámetros singulares, como pueden ser las emisiones de carbono que genera cada país, y también tenemos algunos índices que tratan de sintetizar una serie de parámetros en un indicador general. Sea cual sea el método que empleemos para hacer esas comparaciones, hay que ser muy cautelosos a la hora de sacar conclusiones de ello, pues podemos caer con facilidad en el error de extrapolar determinadas estimaciones a más de lo que realmente nos indican, o  de malinterpretar lo que nos indican ciertos valores.

Algunos indicadores nos pueden inducir al autoengaño haciéndonos pensar que nuestra sociedad sea sostenible ambientalmente, porque consideremos que “conservar la naturaleza” es mantener algunos espacios verdes a los que ir a pasar los fines de semana, o no tener nuestros ríos completamente contaminados. Es muy normal que queramos creer que si hay algún problema, los responsables siempre sean otros, que nosotros no tenemos ninguna culpa, o nuestra responsabilidad es mucho menor. Eso nos hace muy vulnerables a caer en nuestro sesgo de confirmación, a buscar específicamente datos que parezca que apoyan nuestras ideas rechazando el resto, e incluso a leerlos de forma sesgada o sacar conclusiones precipitadas sin analizarlos en profundidad.

Tomemos por ejemplo el índice de desempeño ambiental (EPI, por sus siglas en inglés, de Environmental Performance Index). En la figura 1 se muestran los valores (EPI) de desempeño ambiental de las políticas de cada país en base a más de una veintena de criterios, comparado con la riqueza de esos países medida con el producto interior bruto (PIB), o gross domestic product (GDP) en inglés:

Figura 1. Clasificación de cada país en el índice EPI (eje vertical) y en PIB por cabeza (eje horizontal).

Si nos fijamos en la figura 1, da la impresión de que los países europeos y EEUU son de los países más sostenibles, e incluso China no sale tan mal parada, estando de la mitad hacia arriba de la clasificación. En cambio, en lo más bajo tenemos a Burundi, un mini Estado africano que por superficie y población podría ser una mera región de España. ¿Es posible que un país pequeño y pobre sea uno de los principales problemas ambientales del mundo, mientras que los países con industrias y consumos más potentes sean el ejemplo a seguir de sostenibilidad ambiental? Si lo es, sería un tanto sorprendente, ¿no?

Pues por supuesto no es así. Sin desmerecer al EPI, que sirve para lo que sirve, a pesar de que su nombre induce a caer en ese error, para lo que no sirve el EPI es para hacernos una idea certera sobre la sostenibilidad de los impactos ambientales que genera cada país. Si consultáis la tabla de los parámetros que usa, que figura en el artículo de wikipedia que enlacé antes (o en la figura del encabezado, que para mayor claridad vuelvo a poner debajo como figura 2), veréis que buena parte de esos parámetros hacen referencia a las condiciones ambientales que afectan directamente a la población a escala local. Es decir, lo que nos muestra ese índice es básicamente que en países con mayor PIB se toman más medidas para mejorar la salubridad de la población: tenemos el agua más limpia, mejor calidad del aire, las reservas naturales (lo que nos queda después de cargarnos gran parte de la superficie forestal que teníamos antaño) las conservamos bien bonitas y verdes para disfrute nuestro, tenemos leyes que regulan las condiciones de contaminación tolerables para la población.. que luego se cumplen de aquella manera, pues si algo le sobra a nuestra clase política es un montón de brindis al sol con medidas que suenan muy bien y que luego ellos mismos incumplen. En definitiva, en los países más ricos se vive mejor. Sorpresa.

Figura 2. Esquema de parámetros utilizados para calcular el índice EPI.

Por supuesto que en Burundi se vive de pena, con más del 80% de la población viviendo en la pobreza, gran proliferación de enfermedades como el SIDA, hambrunas, escasez de recursos… seguramente no estén para preocuparse mucho de tener parques bonitos y verdes como en Europa. Pero aunque sus ecosistemas puedan no estar gestionados de la mejor manera, difícilmente se puede achacar a Burundi o a países similares en lo más bajo de la clasificación EPI la culpa de los problemas ambientales que tenemos a escala global.

Si comparamos por ejemplo Europa con países en desarrollo donde hay mucha más contaminación, por supuesto a escala local nuestro desempeño ambiental en la protección de los ecosistemas de nuestro territorio es “mejor”. Pero no es cierto que lo estemos haciendo tan bien, si tenemos en cuenta las externalidades que generamos a base de trasladar gran parte de la contaminación a otros territorios en los que se llevan a cabo las actividades más contaminantes, de las que luego nosotros importamos los productos. Es decir, protegemos más nuestros ecosistemas a costa de degradar más aún los de otras regiones del mundo.

Pero además hay una “trampa” al comparar países por su territorio político, pues si bien tiene sentido para comparar medidas políticas, no lo tiene tanto para comparar impactos ambientales. Sería como comparar el pueblo leonés de Oseja de Sajambre con sus poco más de 200 habitantes, con una ciudad como Madrid con sus más de tres millones de habitantes. Evidentemente que en Madrid se contamina más, es inevitable, y Oseja de Sajambre puede parecer que conserva mejor el entorno al estar en pleno Parque Nacional de Picos de Europa; pero el impacto ambiental por habitante no es tan simple, si bien la contaminación del aire acumulada por una alta densidad de población hace indudablemente más insalubre el aire de Madrid, por otro lado en Madrid mucha gente se desplaza en transportes públicos, mientras que en pueblos en medio del campo los habitantes no tienen otro remedio que usar coches particulares para casi cualquier desplazamiento (y en distancias largas).

Del mismo modo sucede que hay países asiáticos, como China e India, que contaminan muchísimo (lo cual es un problema innegable), pero usarlos como excusa para pretender decir que en Europa o EEUU tenemos mejor “desempeño ambiental” y que por ello nuestro consumo es más sostenible es hacer una interpretación torticera de datos escogidos convenientemente.

Vamos a hacer unos rápidos cálculos de emisiones promedio por habitante en diferentes países usando datos del GCP de emisiones antropogénicas de CO2 en 2017, como puede verse en la figura 3:

Figura 3. Distribución de emisiones globales antropogénicas de CO2 en 2017 por regiones del mundo, considerando solo las emisiones locales, sin ajustar por el comercio internacional.

En la siguiente tabla muestro los cálculos de dividir los datos de la figura anterior por la población que tenían esas regiones en 2017:

RegiónEmisiones CO2 2017 (millones de toneladas)% del globalPoblación en 2017 (millones)Emisiones por habitante (toneladas / persona)% / millón de habitantes
China98002713867,0710,019
India25006,813391,8670,005
Asia190005344624,2580,012
EEUU530015325,116,3030,046
Europa35009,8511,376,8440,019
Rusia17004,7144,511,7650,033
Japón12003,3126,89,4640,026
Tabla 1. Distribución de emisiones antropogénicas de CO2 en el año 2017 entre diferentes regiones del mundo, su porcentaje respecto al total de emisiones antropogénicas en ese año, la población que tenían dichas regiones en 2017, las emisiones en toneladas de CO2 por habitante en 2017, y la contribución por cada millón de habitantes en cada región al porcentaje total de emisiones antropogénicas de CO2 en 2017.

Como podemos ver, aunque China emitió casi el doble que EEUU en 2017, sus emisiones por habitante son de menos de la mitad que las de los estadounidenses. Si comparamos Europa con la India, en la India emitieron casi el 70% de lo que se emitió ese año en Europa, pero su población es de más del doble, lo que significa que en Europa no solo generamos más emisiones, sino que por habitante fueron de más del triple que las de los hindúes. Y todo esto es asumiendo que las emisiones locales de cada región se debiesen a sus propios habitantes, porque los datos de la figura 3 no corrigen por lo que se genera para el comercio internacional, ya que de hacerlo, buena parte de las emisiones en Asia se trasladarían a las generadas para el consumo en otras regiones, principalmente Europa y América.

Los impactos ambientales que generamos en nuestra explotación de los recursos son muy variados, y según qué midamos podemos obtener comparativas muy dispares. En algunas cuestiones algunos países no lo hacen tan mal, y en otras en cambio lo que hacen es un desastre ambiental. El EPI no nos indica en ningún caso que los países lo estén haciendo bien en mantener sus impactos ambientales dentro de límites sostenibles, pues de hecho es al contrario. Y esto no lo digo solo yo, lo dicen los propios responsables del índice EPI. Transcribo del inglés lo que los autores del índice EPI dicen en su propia web:

Observamos, sin embargo, que todos los países – incluso aquellos que están en la parte superior de la clasificación EPI – todavía tienen problemas que mejorar. Ningún país puede reivindicar estar en una trayectoria completamente sostenible.

En definitiva, una conclusión común y errónea es pensar que a medida que los países mejoren su economía aumentando su PIB, mejorará su desempeño ambiental. Lo que cabría esperar sin embargo es que mejoren las condiciones de vida de sus habitantes, algo por supuesto muy deseable, pero no necesariamente su impacto ambiental se volverá más sostenible, pues ni siquiera podemos afirmar que lo sea el de los países con alto PIB. Es una conclusión errónea porque se basa en esta premisa que es de partida errónea.

De hecho, si en países más desarrollados se mejoraron las condiciones ambientales para su población, fue en parte porque al endurecerse las medidas de control de la contaminación, esta se trasladó a otros países subdesarrollados donde las regulaciones ambientales eran menores o inexistentes. También contribuye (como una de las causas principales) el que la mano de obra sea más barata en países más pobres. No es solo que al enriquecerse los países se volvieron más “sanos”, sino que además la contaminación derivada de su consumo, que se mantuvo o incluso aumentó, fue llevada lejos donde no afectase a su población, y sobre todo a donde saliese más barata, por mano de obra y por escapar de las regulaciones ambientales. Pero los países que se están desarrollando los últimos, ¿a dónde van a exportar sus externalidades negativas como su contaminación? Igual mejorar su PIB no será suficiente para mejorar la salubridad de su ambiente ni pueden confiar en que les irá tan bien como les fue a los que se desarrollaron primero.

Por otro lado, algunos informes, como el “Informe Planeta Vivo 2014” de WWF, estiman que actualmente el consumo humano global es aproximadamente de 1’5 veces la producción del planeta; y este promedio global tiene una disparidad entre países en consumo per cápita, siendo que por ejemplo (según lo que se estimó en ese informe en 2014) si toda la población del planeta consumiese como en España, necesitaríamos 2’3 veces la producción del planeta, o si en cambio fuese como el consumo por cabeza de EEUU, harían falta unas 3’9 veces ese producción por año. Estas estimaciones pueden estar más o menos acertadas, pero en general no hay duda (*) de que el consumo es ya desde hace bastante tiempo insostenible, y eso nos ha llevado a provocar el aceleradísimo cambio global (en deterioro de los ecosistemas) que estamos viviendo.

(*) Cuando digo que no hay duda de que el consumo es insostenible, me refiero a que existen evidencias suficientes para hacer tal afirmación más allá de toda duda razonable. Por supuesto es también perfectamente razonable que quien lea esto pueda pensar que sí cabe duda, ya que en esta entrada aún no he explicado esa cuestión.

A eso hay que sumarle que la población no deja de crecer, sobre todo en países en vías de desarrollo, que además están incrementando su consumo de combustibles fósiles para atender a su creciente demanda de recursos, aumentando así drásticamente su impacto ambiental; pero en los países desarrollados en los que se están tomando algunas medidas (en muchas ocasiones puramente simbólicas) para reducir los impactos, el consumo sigue siendo también insostenible.

En conclusión, el «desempeño ambiental» de los países que nos muestran algunos índices como el EPI sirve más para valorar las condiciones de vida de la población, pero no tanto para valorar el coste ambiental que generamos con nuestro consumo de recursos actual. No podemos considerar que los países más desarrollados sean un modelo a seguir en cuanto a sostenibilidad ambiental (aunque lo sean en otras cuestiones más sociales o humanitarias), más bien al contrario, cuanto más se acerque el consumo global al que se da en los países más ricos, mayores serán los impactos ambientales negativos sobre los ecosistemas, empeorando así su productividad y aumentando los riesgos de desabastecimiento que cada vez son mayores.

En las próximas entradas del blog, en las que seguiré analizando este tema, explicaré cómo puede ser posible que actualmente consumamos más de lo que produce el planeta, y ahondaré en la cuestión de los problemas de sostenibilidad ambiental de la población humana global.

3 comentarios sobre “Índices ambientales y su frecuente malinterpretación

  1. […] Ojalá su optimismo fuese acertado, pero lo único de lo que tenemos evidencia es de que las mejoras en la economía conducen a mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos de ese país, aun a costa de incrementar los impactos ambientales globales, y encima ni siquiera se puede garantizar que eso vaya a funcionar igual de bien en el futuro para países en desarrollo como funcionó en el pasado en países más desarrollados. Todo esto lo expliqué en la entrada anterior que enlazo aquí. […]

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