Reseña de Seaspiracy: ¿deberíamos dejar de comer pescado?

Recientemente se ha estrenado un documental en Netflix, titulado Seaspiracy, sobre los impactos de la pesca a nivel mundial. Es interesante desde el punto de vista de llamar la atención de la opinión pública sobre un problema realmente serio que no se está abordando como debería. No obstante, el análisis que hace de las posibles soluciones es muy simplista, así que me parece que conviene revisar algunas de las afirmaciones que se hacen en ese documental.

En primer lugar, para aquellos que aún piensen que no existe tal problema o que es de menor importancia, que no habrá serias consecuencias de seguir explotando masivamente los océanos (o cualquier ecosistema) mientras aún haya recursos en ellos, pues decir que hay sobradas evidencias de que sí afrontamos una situación alarmante: poblaciones de muchas especies en declive y acercándose a la extinción, ecosistemas enteros colapsando (como los arrecifes de coral)… y todo ello explicable por la actividad humana, concretamente por la contaminación, la sobreexplotación de recursos o el cambio climático entre otros motores de cambio global. Y esto no es solo un problema para “la naturaleza” como si fuese a haber menos paisajes bonitos que admirar; estamos hablando de una alarmante reducción en la productividad y sostenibilidad de los ecosistemas, lo que está afectando y va a afectar más aún a nuestras sociedades.

Por desgracia todas estas problemáticas son muchas, y muy complejas, y a veces al tratar de solucionar una estamos agravando otras. Por eso las soluciones deben ser cuidadosamente meditadas, y asesoradas desde el conocimiento que nos ofrece la ciencia sobre cómo funcionan los ecosistemas y cuáles serán los impactos de cualquier decisión que tomemos. Reducirlo todo a “hay un problema con la pesca, y no vemos una solución fácil, así que dejemos de consumir pescado completamente” es también muy simplista y puede conducir a otros problemas indeseados, desde el punto de vista de la sostenibilidad, y eso es lo que voy a explicar en este artículo.

¿Es dejar de consumir pescado una buena solución?

Antes de entrar en toda la complejidad del problema, empecemos desmontando la solución que sugieren en el documental. Por supuesto si se dejase de consumir pescado, los problemas específicos que hay en la industria de la pesca desaparecerían. Pero aparte de lo complicado de convencer a la humanidad en su conjunto de cambiar un hábito como ese hasta eliminarlo completamente, aun suponiendo que se lograse, eso no significaría necesariamente que lográsemos un mundo más sostenible. Todos los millones de toneladas que dejásemos de consumir anualmente en pescado tendrían que ser reemplazadas con otra cosa, y si aumentamos mucho más la carga de los ya también sobreexplotados ecosistemas terrestres para cultivar mucho más, eso también empeoraría otros problemas y dañaría la sostenibilidad de muchos ecosistemas también fundamentales para nuestra sociedad.

Al final todo parte de la superpoblación humana y lo mucho que consumimos. Una de las medidas más importantes es reducir el consumo, especialmente de aquellas cosas que no aprovechamos bien y desperdiciamos, y en alimentación hay muchísima comida que acaba en la basura, lo que significa que muchas veces producimos más de lo que consumimos en ciertos países. Pero aun sin eso, todo lo que sí necesitamos sigue siendo una gran demanda, y hay que ser conscientes de que no existen recursos que sean sostenibles y otros que no lo sean por su propia naturaleza, sino que todo depende de cómo los gestionemos, y los impactos negativos que genera en los ecosistemas la extracción de esos recursos seguirá ahí porque no podemos vivir sin explotar al menos en parte ciertos recursos. La sostenibilidad no consiste en sustituir “recursos malos” por otros “buenos”, sino en encontrar un equilibrio en el que todo lo que explotemos se haga sin sobrecargar los ecosistemas más de lo que puedan regenerar. Y eso implica diversificar nuestras explotaciones. Así pues, abandonar la explotación de los océanos reduciría esa diversificación, aumentando la intensidad en otras zonas y empeorando en términos generales la sostenibilidad de los ecosistemas. La solución debe ser mejorar nuestra gestión de todos los recursos, incluidos los marinos, manteniendo una explotación menos intensiva y procurando reducir tanto como podamos los impactos negativos.

Pescadores capturando peces con redes en Cuba (https://www.fgr.gob.cu/es/fundamentacion-de-la-propuesta-de-ley-de-pesca).

También cabe señalar que las personas que trabajan en industrias como las de la pesca, aunque contribuyan al problema, no son necesariamente “criminales del mar” como se menciona en algún momento (o no todos, aunque pueda haber algunos). Es gente ganándose la vida con esos trabajos, y aunque aceptemos que convendría reducir la sobreexplotación, lo que implicará destruir muchos puestos de trabajo que deberán ser reconvertidos hacia otros sectores, la completa eliminación drástica de la industria no solo no sería la solución medioambiental que se pretende vender, sino que además generaría una crisis muy importante para mucha gente, al ser difícil recolocar a tantos millones de trabajadores. Y la complejidad humana de este asunto también explica por qué los gobiernos no se meten mucho en ello, aunque es triste que sea tan difícil hacer entrevistas a las partes implicadas, y en eso está bien que esta clase de documentaristas muestren lo que otros ocultan.

Etiquetas y certificados en productos

Uno de los problemas que el documental señala muy acertadamente es la poca capacidad que tenemos los consumidores para tomar decisiones individuales bien informadas cuando compramos productos. A pesar de la creciente concienciación sobre la sostenibilidad y la necesidad de reducir nuestros impactos, se nos manipula ofreciendo productos que aparentan ser más “responsables”, pero que no ofrecen ninguna garantía real de ser lo que prometen. Y eso sucede no solo con las etiquetas de pescado que pretenden hacernos creer que no generan impactos en especies como delfines u otras que se matan de manera no intencionada al pescar las que sí queremos consumir. Sucede también con casi todas las etiquetas de moda, como “orgánico”, “ecológico”, “bio” y las de ese tipo, que en realidad no se basan en criterios técnicos que garanticen que sean productos más sostenibles ni ecológicos (podéis consultar más sobre esto en este enlace a una ponencia en la que hablo sobre agricultura).

Si se hacen estas cosas es porque funcionan, porque como consumidores estamos preocupados, y lo que buscamos son cosas que nos tranquilicen, que nos digan que comprándolas estemos ayudando a arreglar el problema (aunque sea mentira, pero nos fiamos fácilmente). El documental muestra también que muchas organizaciones supuestamente ambientalistas que dicen luchar contra estos problemas, moviendo fácilmente a la opinión pública que confía en ellas, en realidad funcionan de manera cuestionable o directamente corrupta, pues solo distraen a la opinión pública vendiendo supuestas soluciones simples mientras ocultan problemas más graves y complejos en los que tienen intereses. Sobre estos problemas con las organizaciones supuestamente ecologistas he escrito previamente otro artículo que dejo en este enlace.

Así pues, deberíamos ser más críticos con las soluciones que nos venden, con las simplificaciones de etiquetas que nos pretenden vender algo como “ecológico” o “sostenible”, pues sin explicarnos por qué nos lo venden así es lo mismo que si nos dijesen que esos productos son “buenos” sin aclarar nada (casi pidiendo un acto de fe hacia quien te lo asegura).

Una de las etiquetas de «productios marinos certificados como sostenibles» que nos muestran en el documental, y que no garantizan realmente la sostenibilidad que se les presupone.

Pero sí que se podría mejorar el tema del etiquetado, igual que hoy en día disponemos en los productos de mucha más información que antaño. Por ejemplo podemos ver en qué país ha sido producido lo que estamos comprando. Eso nos puede servir para reducir la huella de carbono, eligiendo consumir productos de cercanía en vez de otros que han sido transportados largas distancias entre continentes. Y ya solo con esto también podemos combatir algunas de las cosas que denuncia el documental, como son el uso de esclavitud para la producción de ciertos productos. Es bueno denunciar en qué sitios suceden esos abusos, pero sería un error reducirlo a que están relacionados con el tipo de producto que se genera y no con las políticas de esos países que no respetan los derechos humanos (o no persiguen lo suficiente a los que no lo hacen). Poco cambiaría en ese aspecto si en vez de comprarles los productos marinos les compramos por ejemplo productos cultivados, porque de igual modo si cambia su industria pueden acabar destinando esclavos a cualquier otro tipo de producción. Lo suyo sería más bien evitar productos que vengan de esos países, mientras no cumplan con respetar los derechos humanos.

Ejemplos de algunas técnicas de pesca con red: red de cerco (izquierda), red de arrastre pelágico (centro) y red de arrastre de fondo (derecha).

Y también podría ser útil tener en la etiqueta qué métodos han sido empleados para obtener esos productos, por ejemplo qué técnicas de pesca se han empleado para capturar los peces que nos venden, desde pesca con caña a los diferentes tipos de redes (en la imagen superior se muestran tres ejemplos de los muchos tipos diferentes que hay). Los impactos ambientales difieren de unas técnicas a otras, así que sería mejor fomentar las que generan menos daños indeseados. Eso sería quizá más fácil de controlar que esperar que los barcos informen honestamente sobre si han matado o no animales que no eran el objetivo y que quedaron atrapados en las redes, que en el documental exponen lo difícil que es comprobar eso. Pero dado que existen diferentes técnicas de pesca, y no todas tienen impactos igual de graves, tal vez sería más factible inspeccionar los barcos antes de salir de puerto y asegurarse de que solo llevan las herramientas necesarias para pescar con la técnica que reportan que están usando. Por supuesto siempre habrá quienes encuentren formas de engañar a las inspecciones, pero eso es algo que sucede en cualquier industria, y habrá que buscar modos de perseguirlo sin destruir la industria al completo.

Piscifactorías vs. algas

En el documental nos muestran las piscifactorías planteando si podrían contribuir a reducir el problema, pero rápidamente concluyen que, dado que tienen sus propias problemáticas, entonces no son una solución válida. Y eso no es un análisis serio, porque resulta que todo lo que hagamos va a tener siempre sus propias problemáticas, que deben ser atajadas con nuevas soluciones complementarias. Así de compleja es la vida, por suerte o por desgracia.

También nos muestran las maravillas de usar algas para producir alimentos, como si fuese la solución perfecta, de hecho llegan a decir literalmente que tiene “todas las partes positivas del pescado sin ninguna de las partes negativas”. Y si algo podemos decir en general, es que siempre que alguien nos venda que algo solo tiene partes positivas y ninguna negativa, nos está “vendiendo la moto”, o nos engaña o es que no está realmente bien informado. Puede ser que producir alimentos con algas sea una solución bastante buena, aunque no lo resolverá todo, pero puede contribuir; y puede que sus impactos negativos sean más leves que los de la pesca masiva, pero aún así generar esa producción sin duda provocará impactos ambientales negativos. Así que para aceptar que merece la pena, no basta con decir que es mejor, hace falta ser honestos y presentar toda la información, con la misma actitud crítica que se aplica a las otras industrias, de manera que conociendo también las partes negativas de cualquier solución, como pueda ser usar algas, podamos concluir que efectivamente aún considerándolas el resultado es más sostenible que otras alternativas.

Pero como decía antes, no se puede resolver el problema de una explotación masiva fomentando su reemplazo con una única solución sin diversificar. Si de repente cambiásemos todo el consumo de peces a consumir algas, la pequeña producción actual de algas para consumo humano se volvería gigantesca, y adquiriría a su vez unas dimensiones problemáticas. Hay que combinar soluciones, considerando todas las partes tanto positivas como negativas de todas ellas, y no solo las positivas de las que nos gusten más y las negativas de las que no nos gusten tanto, como en el documental.

Así que volviendo a las piscifactorías, por supuesto que pasar de pescar peces salvajes a criarlos en cautividad genera nuevos problemas al tiempo que resuelve parte de los que teníamos, del mismo modo que la ganadería tiene sus problemáticas diferentes a cazar animales. Y aún así es una forma de producir alimentos para la población mucho más eficiente, que puede ser más o menos sostenible en función de cómo se gestione.

Piscifactorías flotantes en un fiordo noruego próximo a Stavanger (foto tomada por Omar Flores en 2013).

No discuto que lo que muestran en el documental sobre las piscifactorías son problemas a considerar que quizá ahora no se tratan como deberían. Al agrupar animales en un recinto cerrado, es normal que las enfermedades y los parásitos puedan proliferan y propagarse más fácilmente. Pero también nos resulta más fácil tomar medidas para controlarlas que en animales salvajes. Si parte de la producción se desperdicia por falta de control, eso no nos dice que las piscifactorías sean una mala solución, sino que hay una serie de malas prácticas a corregir. Por ejemplo evitar masificar en exceso las piscinas de cría, y hacer un seguimiento veterinario de la salud de los peces. Todo eso cuesta dinero y esfuerzo, y no me extraña que no se haga para producir de forma más fácil y barata, pero por lo menos es mucho más fácil implantar legislaciones y regulaciones para evitar las malas prácticas en piscifactorías fijas en sitios donde se pueden inspeccionar, que en barcos moviéndose por el océano.

También la contaminación del agua por acumulación de desechos en torno a las piscifactorías es un tema a considerar. Sin duda hacen falta soluciones añadidas para mejorar la sostenibilidad de las piscifactorías, que requerirán de la cooperación de científicos, veterinarios, ingenieros… pues pongámonos a ello, en vez de desechar una solución a la mínima que encontremos problemas específicos en ella. Eso sería como haber renunciado a la energía solar cuando al principio los paneles no eran demasiado eficientes, en vez de seguir invirtiendo en mejorar esa tecnología.

Y un problema también considerable es de dónde sacar la fuente de alimento para los peces en las piscifactorías. También es importante tratar de maximizar la sostenibilidad en toda la cadena de producción. Por supuesto si se alimenta a esos peces con piensos obtenidos de otros peces pescados con las peores técnicas a un alto coste ambiental, solo se traslada el problema, como bien comenta el documental, aunque falle en no presentar alternativas a eso. La solución debe pasar por producir esos piensos o alimentos de formas más respetuosas con la sostenibilidad ambiental, del mismo modo que usar un coche eléctrico en vez de uno de combustión no sirve si la electricidad para cargarlo proviene de la quema de combustibles, pero sí puede ser una buena medida si se combina con una producción de energía baja en emisiones; que también tiene sus propios problemas (como el tratamiento de las baterías usadas), nunca estaremos libres de problemas, pero no por ello debemos desechar soluciones que pueden ser más sostenibles si se gestionan de maneras factibles y más ecológicas, en vez de hacerlo de la peor manera posible. Por ejemplo se podría combinar la producción de algas con las piscifactorías, si se pueden generar piensos con algas de una forma más sostenible, y así en vez de ser soluciones antagonistas podrían ser complementarias.

Conclusiones

En conclusión, el documental está bien para llamar la atención, pero no deberíamos caer en contentarnos con soluciones simplonas y poco meditadas como “no comer peces”, al menos para mejorar la sostenibilidad de nuestra sociedad. Las soluciones a todos los problemas requieren de profundos y meditados análisis desde el conocimiento experto en muchas áreas que deben cooperar para atajar estos problemas, como la tecnología, la ciencia o la ingeniería, así como coordinarlas con la política para considerar cómo cualquier solución impactará a la población humana. Solo así lograremos soluciones que de verdad puedan funcionar para conservar mejor los recursos y ecosistemas del planeta, en vez de simplemente tomar atajos fáciles que solo tranquilicen nuestra conciencia.

Y para concretar la respuesta a la cuestión principal de este asunto, eliminar completamente el consumo de peces no sería la mejor opción, pero sí sería conveniente que lo reduzcamos, y sobre todo que fomentemos formas de explotación menos dañinas para el medio marino, exigiendo también a industrias y gobiernos que faciliten a los consumidores el tener esa información y poder elegir los productos más sostenibles sin manipulaciones. Es difícil, pero posible. Aunque mientras no funcione así, si alguien considera adecuado renunciar al consumo de pescado como medida para fomentar un cambio en la industria, es su decisión, y puede ser una medida con cierto sentido siempre que tengamos claro que el objetivo debe ser una explotación más sostenible, y no la completa eliminación de dicha explotación.

Un comentario sobre “Reseña de Seaspiracy: ¿deberíamos dejar de comer pescado?

  1. […] Lo que observamos actualmente es un descenso en las poblaciones de muchos de los peces que pescamos, tanto en cantidad como en tamaño de los individuos. Y es que al aumentar nuestra efectividad en la explotación de recursos, a veces llegamos a sobrepasar la capacidad de renovación de ese recurso en el ecosistema. Así que nuestra explotación directa de esos peces, cada vez más intensa, junto con otros impactos indirectos como la contaminación de los océanos o su acidificación a consecuencia del cambio climático, que está provocando riesgo de extinciones y amenaza la estabilidad de las redes tróficas que mantienen muchos de esos recursos que explotamos, amenaza seriamente el futuro de esos recursos (más información en este enlace). Muchos de los recursos que estamos explotando ahora mismo en forma de especies animales y vegetales se encuentran amenazados o incluso en peligro de extinción. Los biólogos llevamos mucho tiempo alertando de que nuestra eficacia pesquera ha sobrepasado a las tasas de regeneración de esos recursos, aunque no desaparezcan de un día para otro, pero para mantener los recursos pesqueros a largo plazo necesitaríamos mejorar la gestión teniendo en cuenta su sostenibilidad. Así que la industria pesquera tendría que optar o por capturar menos pero así tener negocio indefinido, o por seguir capturando cada vez más (que es lo que sigue haciendo), lo cual genera más beneficio económico a corto plazo, pero pone al sector en destino de colisión con importantes crisis, que llevarán a millones de personas que dependen de esa industria a perder su trabajo, y a todos a enfrentarnos a la desaparición de parte de esos recursos en las próximas décadas. Sobre los impactos de la industria pesquera y medidas que habría que tomar para hacerla más sostenible escribí en esta reseña sobre el documental Seaspiracy. […]

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