Qué significa ser doctor: aclarando el debate terminológico sobre doctores y médicos

Recientemente se ha encendido por redes sociales un debate en torno a qué personas merecen la distinción de ser llamadas «doctores», si solo quienes tienen un doctorado en medicina, o también otros académicos con títulos de doctorado en ciencias o en humanidades. La cuestión siempre ha sido un tema sobre el que hay opiniones confrontadas «a pie de calle», e incluso genera bastantes bromas con el tópico de buscar un «doctor» cuando hay una emergencia y que responda alguien que no sea médico.

Pero parece ser que el debate se ha hecho virulento y ha generado mucha agitación sobre todo en Estados Unidos, porque una persona vinculada al partido demócrata tiene un doctorado en educación y personas del partido republicano han cuestionado que se la pueda llamar doctora por eso. Así que vamos a repasar el sentido que tiene usar ese título de «doctor/a».

El término de doctor proviene del latín docere (enseñar), cuyo significado sería docente o profesor. Aunque hoy en día no es sinónimo de esos términos, sino que constituye la máxima títulación académica que una persona puede alcanzar en cualquier área del concimiento. En muchos casos esto requiere realizar una tesis doctoral, un estudio especializado sobre el campo de conocimiento en el que se realice dicho doctorado. Por ejemplo en mi caso obtuve el título de Doctor en Ecología por la Universidad Autónoma de Madrid tras estar más de cuatro años investigando sobre posibles impactos del cambio global sobre el ciclo biogeoquímico del carbono.

Existen diferentes tipos de doctores, y la regulación de los títulos también presenta peculiaridades en cada país. En líneas generales, por un lado tenemos doctores en investigación, denominados en el sistema anglosajón Doctor en Filosofía (Ph.D., del latín Philosophiae Doctor), que incluye los doctorados académicos tanto en ciencias como en letras. Por otro lado, hay doctorados profesionales en carreras que van instrínsecamente ligadas a ciertas profesiones, como Doctor en Medicina (M.D.) o Doctor en Jurisprudencia (J.D.), que en algunos países (como EEUU y Canadá) se aplican incluso sin la realización de las correspondientes tesis doctorales, y por tanto, cuando sea así y no haya unos estudios académicos superiores, no alcanzarían el mismo nivel académico que los Ph.D. Hay otros tipos, pero por no alargarnos, abreviaremos con que el término doctor se aplica a diferentes tipos de profesionales y con diferentes requisitos.

El mero hecho de que se hable de «doctor en…» (cuando se hace con arreglo a esos títulos académicos) debería bastar para entender que todos son títulos de doctor y quienes los consiguen pueden perfectamente ser denominados doctores. No obstante, existe una creencia muy extendida de que doctor es prácticamente un sinónimo de médico, y se usa así cotidianamente (es una de las acepciones que da la RAE, pero no la única). Eso nos lleva al argumento que esgrimen algunos de que si alguien no sabe atender un problema médico, como un ataque al corazón, no debe ser denominado doctor. Aunque entonces con ese criterio igual sí habría que llamar doctores a todos los que superen un simple cursillo de primeros auxilios, y eso no tiene sentido.

¿Por qué existe esa asociación tan fuerte entre doctor y médico en la sociedad? Pues yo tengo la hipótesis de que dado que desde que somos niños los únicos doctores con los que tratamos son los médicos, y muchos padres o no conocen otros tipos de doctores o no les hablan a sus hijos de ello, eso genera que crezcamos asumiendo esa equivalencia (en una etapa de nuestras vidas donde poco nos importan los títulos universitarios ni esas «cosas aburridas de adultos»). Para los niños, «doctor/a» es quien le atiende cuando está enfermo o tiene dolencias, y nadie más. Obviamente los padres no suelen llevar a sus hijos a consultar a doctores en filosofía, en física o en literatura. De ese modo, cuando ya siendo más mayores oímos hablar de otros profesionales no médicos que se denominan doctores, nos suena a una apropiación del término, como si se estuviesen haciendo pasar por médicos.

Pero ese prejuicio es infundado, ya que doctor no es en modo alguno un término que pertenezca prioritariamente a los médicos; de hecho, si acaso es al revés, en países donde no se otorga a cualquier médico el título de doctor, a menos que cumpla con ciertos requisitos adicionales, sería en esos casos en los que la atribución del título de doctor sería más cuestionable con aquellos médicos que no hayan realizado un doctorado; se les podría llamar doctores como tratamiento personal, sin implicar que tengan el máximo rango académico, que solo tendrían los que sí hayan hecho un doctorado.

En mi opinión, si vamos a cuestionar la validez de denominar doctor a alguien con un doctorado, debería ser solo en aquellos casos en los que el supuesto doctorado no sea en una verdadera rama del conocimiento, sino en falsos conocimientos, como es el caso de las pseudociencias. Si alguien se ha sacado en alguna universidad un doctorado en homeopatía, eso es «papel mojado» y su credibilidad está más que diluida (lo sé, era un chiste fácil), tan poco serio como pretender tener un doctorado en alquimia o en astrología.

Los que no merecen ser llamados doctores, ni licenciados ni nada, son los que solo tienen «estudios en chorradas», como bien representaron en este capítulo de Futurama.

Por ello, cuando alguien dice «si una persona tiene un doctorado en X (por ejemplo literatura) no se le puede llamar doctor porque no puede atenderte en una emergencia» está haciendo una afirmación absurda. Tan absurda como negar la condición de doctor a doctores en medicina porque ellos tampoco sepan (en general) llevar a cabo las funciones de doctores en otras especialidades, como por ejemplo realizar manipulación genética al nivel de un doctor en biotecnología, o diseñar modelos de predicción de impactos ambientales como hacemos algunos doctores en ecología. «Zapatero a tus zapatos», cada uno sabe de su campo, y no tiene sentido cuestionar la validez del título de un doctor porque este no sepa llevar a cabo funciones de doctorados en otros campos, ya sea en la medicina o en cualquier otro.

Y si leéis esto y sois madres o padres, considerad comentar a vuestros hijos en algún momento que los médicos (o parte de ellos) son solo uno de los muchos tipos de doctores que existen. Ya, soy consciente de que no es precisamente un tema apasionante para los niños, pero al menos si no asocian doctor únicamente con médico como si necesariamente significasen lo mismo y no hubiese más opciones, igual el día de mañana cuando sean adultos no harán el ridículo argumentando, como si aún fuesen niños, que para ellos doctores son solo los que pueden curarles las pupitas.

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