Coevolución con escaleras mecánicas

La coevolución es la evolución conjunta de dos (o más) especies, que se influyen mutuamente haciendo que la dirección evolutiva de una especie ejerza presión selectiva sobre otra, y la evolución de esta otra bajo esa presión ejerce a su vez presión selectiva que mantiene la dirección evolutiva de la primera especie.

Un ejemplo de esto ha sido la coevolución de insectos polinizadores y plantas angiospermas; muchas especies de plantas se sirven de especies de insectos para reproducirse con más éxito, reduciendo las pérdidas de gametos durante el proceso (con lo que se aprovecha mejor su esfuerzo energético en reproducirse), y a cambio los insectos obtienen una excelente fuente de alimento. Durante millones de años estos organismos han ido evolucionando de forma conjunta, haciendo su relación más estrecha y exitosa para ambos.

abeja-polen
Abeja cubierta de granos de polen.

Es un concepto simple, pero para quien no esté familiarizado con estos fenómenos evolutivos puede ser más complicado comprenderlo. Por eso en esta publicación voy a ilustrar la coevolución con un ejemplo ficticio, tal como reza el título: coevolución de las personas con las escaleras mecánicas.

Dicho así puede sonar absurdo, pero me permitiré esta licencia narrativa para mostrar un ejemplo adaptado a la vida urbana, para aquellos a quienes las interacciones entre organismos del campo les resultan más lejanas.

Sistema de velocidades en escaleras mecánicas

EM

Seguramente todos conocemos lo que es una escalera mecánica (que abreviaré como EM en adelante), habitual en estaciones y centros comerciales. Aunque puede que no todos conozcan el sistema de regulación de velocidad que tienen muchas de estas EM. Yo tampoco soy ningún experto, de hecho podría decir que mi dominio del mecanismo de estas escaleras es a “nivel usuario”. Pero hay un sistema fácil de detectar: cuando una EM lleva mucho tiempo sin ser utilizada, reduce su velocidad, lo que es un buen sistema para ahorrar energía (y si se parase sería aún mejor). En el momento en que una EM que iba despacio detecta que se ha subido alguien (algo fácil de detectar con sensores de peso), vuelve a aumentar su velocidad. De manera que pueden tener dos velocidades: una lenta, cuando llevan un tiempo sin ser utilizadas, y una rápida, cuando están siendo utilizadas o hace poco que alguien las usó. No todas las EM tienen por qué incorporar este sistema, pero hay muchas que lo tienen.

Las personas regulan el funcionamiento de las EM

Si vamos por ejemplo a una gran estación de trenes donde podamos ver dos EM juntas que vayan en el mismo sentido (ascendente o descendente), tal vez observemos que una va más deprisa que la otra, aunque no haya nadie sobre ellas. Esto se deberá a que alguien pasó poco tiempo atrás por una de ellas, que será la que sigue funcionando a mayor velocidad (y que se ralentizará si nadie más se monta en un rato), mientras que la que va más lenta llevará mucho sin ser utilizada.EM 1 y 2

Si hay dos EM juntas que nos ofrecen el mismo servicio, ya sea subir o bajar, y van a la misma velocidad, en principio debería darnos igual usar una u otra. Pero tal vez prefiramos una porque por ejemplo está más cerca de la entrada o salida, por donde vengamos o hacia donde queramos ir. Así que cuando ambas EM se mueven a baja velocidad, puede que una esté situada en un lugar que acorte nuestro trayecto, así que será una opción preferible y más gente elegirá subir por esa escalera, con lo que esta se acelerará con mayor frecuencia. Vamos a llamar EM1 a esta que resulta preferible, y EM2 a la que está a su lado y en cambio es menos usada.

Las EM regulan el comportamiento humano

Como acabo de explicar, la propia posición de las EM puede hacer que prefiramos ir por una o por otra. Pero aún hay más. Si debido a lo anterior una de ellas (EM1) es utilizada con mayor frecuencia, será más probable que cualquier persona que llegue ante ambas EM se encuentre con que esa EM1 se está moviendo con mayor velocidad que la EM2, y también eso animará a la gente a montarse en la EM1.

Si la gente se montase en la EM2 al encontrársela en movimiento lento, esta se aceleraría y acabaría moviéndose tan rápido como la EM1 cuando llegamos ante ellas. Pero no nos paramos a pensarlo, si vemos dos y una se mueve más rápido, directamente la elegimos. Y usar la EM1 nos ofrece realmente la ventaja de llegar antes al otro extremo, ya que no tenemos que esperar a que se acelere (aunque sea un fracción de segundo que no marque una diferencia apreciable).

En tales condiciones, el único motivo para elegir montarse en la EM2 es que haya mucha gente usándolas, que es precisamente el motivo por el que se construyen dos EM juntas en los lugares muy transitados. Pero la EM1 seguirá siendo preferencial (en cantidad de gente que la usa).

Regulación mutua entre personas y EM

Lo anterior explica que las personas y las EM se influencian unas a otras. En primer lugar, la posición de cada EM ejerce  una presión sobre el comportamiento humano, que nos empuja a optar por la que nos parece mejor situada para nuestro trayecto. Esta decisión condicionada a su vez ejerce una presión selectiva sobre las EM (la EM1 tiene más “éxito” en atraer personas), provocando que esa EM1 tenga una velocidad media superior (o dicho de otro modo, completa más vueltas a lo largo de un día). Y esta mayor velocidad media de la EM1 a su vez sigue atrayendo a más gente. De manera que los cambios en una de las partes (EM) provocan alteraciones sobre la otra parte (personas), y estas alteraciones refuerzan los cambios de los primeros elementos (EM). Y así una y otra vez, en un bucle, los cambios en cada parte refuerzan los cambios en la otra parte.

Coevolución del sistema artificial

Supongo que la explicación anterior está clara, pero todavía os preguntaréis que cómo puede servirnos esto para compararlo con evolución real en especies. Pues vamos a hacer unas comparaciones punto por punto entre el caso de las escaleras mecánicas y el funcionamiento de las especies, y la explicación quedará mucho más clara.

Imaginemos que las EM fuesen una especie, y que para ellas completar una vuelta fuese como tener éxito reproductivo, es decir, como engendrar un descendiente. Entonces, a mayor número de vueltas, mayor éxito reproductivo y descendencia.

trabajador corriendo

Por otro lado, las personas buscaríamos minimizar el tiempo y las distancias de nuestros desplazamientos, lo que nos dejaría más tiempo para conseguir recursos y sacar adelante a nuestra descendencia (aumentando nuestro éxito reproductivo). Esto no hace falta forzarlo tanto como lo otro, porque es realmente lo que hacemos.

En tal caso, nuestra decisión de priorizar a la EM1 sobre la EM2 por posición, y luego por velocidad, aumentaría ese “éxito reproductivo” de la EM1, de manera que la selección natural favorecería que las siguientes generaciones de EM tuviesen esos rasgos de la EM1 que nos favorecen a nosotros (una mejor posición y una mayor velocidad media para llegar antes a nuestro destino). Al mismo tiempo, suponiendo que hubiese personas que tuviesen “tendencia genética” a ir por la EM2 sin importar que sea peor, las personas que eligiesen “cooperar” con la EM1 en vez de con la EM2 obtendrían mejores resultados (en optimización de tiempo, y por tanto en ganancia de recursos y éxito reproductivo) que las personas que prefiriesen usar la EM2. “Nacerían” nuevas EM que estarían cada vez en mejor ubicación para nosotros, y que se moverían más rápido; y los que las usasen seguirían teniendo ventajas sobre las demás personas. Así, generación tras generación en ambas especies, irían prevalenciendo los rasgos de EM1 y de las personas que prefieren “cooperar” con EM1, evolucionando ambas especies hacia una mejora en cada especie del rasgo que beneficia a la otra especie.

Coevolución real

Después de este ejemplo ilustrativo, con el que espero que se pueda entender mejor la coevolución, conviene hablar de la coevolución tal como es en realidad en la naturaleza.

El caso anterior presenta una de las posibilidades en que ambas especies se ven beneficiadas. Este es también el caso de las plantas que coevolucionan con polinizadores. Pero la coevolución puede darse en otras circunstancias, como por ejemplo en una relación depredador-presa. En estas situaciones, cada avance evolutivo de una especie no beneficia a la otra, sino que la perjudica, pero a su vez ejerce una presión selectiva sobre la otra especie que hace que esta evolucione hasta adaptarse a ese cambio, y pueda contrarrestarlo. Este tipo de coevolución es una carrera armamentística.

Leon-y-cebra

Es importante señalar que los cambios en las especies no ocurren de manera diseñada para un fin, simplemente se desarrolla variedad de rasgos de forma azarosa, y luego los que ofrecen más ventajas son seleccionados y tienen más éxito. Por eso, es un error decir que una especie “evolucionó para” tener una determinada función; lo correcto es decir “evolucionó por” la selección sobre el rasgo que permite la función ventajosa.

Con el ejemplo expuesto de las EM, equivale a imaginar que las EM surgieron evolucionando al margen de las personas, y que en un momento dado las personas y las EM se encontraron y empezaron a interaccionar, generando ese suceso de coevolución. Así es como en la naturaleza se dan estos fenómenos.

En el caso de la coevolución por beneficio mutuo, dos especies que han surgido tras evolucionar por separado durante mucho tiempo, y que tienen rasgos que de manera accidental pueden beneficiar a la otra, se encuentran y empiezan a interaccionar, de manera que cada una de ellas provoca cambios en la otra, y los cambios en cada una refuerzan los cambios en la otra.

El caso de la coevolución por carrera armamentística es mucho más simple: cuando una interacción antagonista entre dos especies es un factor de selección muy fuerte entre ambas, puede adquirir tal protagonismo que dirija la evolución de cada una de ellas en función de la otra, potenciando por selección natural los rasgos que permiten tener más éxito en cazar, huir, defenderse, o la acción que cada especie necesite para tener éxito enfrentada a la otra especie. Esto se aplica a muchísimos casos, de animales que interaccionan como depredador-presa, pero también a relaciones planta-herbívoro, parásito-hospedador, etc. Cualquier interacción entre dos especies en la que una ataque a la otra, y esta tenga que defenderse, puede generar en mayor o menor grado este tipo de coevolución.

Resumiendo, algunas especies “enganchan” sus funcionamientos, al menos en parte de sus rasgos, y empiezan a evolucionar juntas. Eso es coevolución.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s